Las disculpas del Rey

La imagen de un monarca disculpándose ante su pueblo es algo tan extraordinario que no debiera dejarse a la improvisación. La escena de Don Juan Carlos I dirigiéndose brevemente a la nación para reconocer una equivocación, al abandonar el hospital donde se recupera de la fractura de cadera sufrida en Botswana durante una cacería de elefantes, será una de las imágenes definitorias de su reinado, y es una pena que se haya desperdiciado una ocasión de tanto alcance histórico con una declaración mal preparada y torpemente expresada.

El Rey Juan Carlos goza de un alto grado de simpatía y valoración entre los españoles, por lo que no le será difícil superar este bache. Es además una persona con buena capacidad de comunicación. No obstante, la declaración de ayer, que sin duda le hace más humano, supone un evidente desgaste en su imagen institucional. Pero a incrementar ese desgaste ha contribuido una puesta en escena desafortunada, y unas declaraciones mal preparadas.

El Rey aparecía demacrado, ojeroso, compungido y triste, como un colegial al que le han pillado en una travesura. Su petición de disculpas sonó forzada y acartonada, y no se vio reforzada por un mensaje positivo sobre el futuro.

Para empezar, el Rey se disculpaba sin ni siquiera referirse, directa o indirectamente, al objeto de su disculpa. ¿Era por haber hecho una escapada discreta a un safari de lujo en África, mientras la sociedad española atraviesa dificultades económicas graves? ¿Era por haber aceptado un viaje-regalo de no sabemos quién, ni con qué inconfesables intereses? ¿Era por haber echado la gota que colma el vaso, después de los despropósitos del Caso Urdangarín y –de incomparablemente menor importancia- el Caso Froilán?

Bastaría con haber citado a EFE y RTVE en los jardines o el interior del Palacio de la Zarzuela, y haber realizado una sencilla declaración del monarca en términos parecidos a estos: “Sé que mi reciente viaje a África, que se suma a otros acontecimientos nada felices para la Corona, ha levantado una gran controversia entre los españoles. Quiero decirles que comprendo que existen razones de peso para la crítica, y creo que hemos cometido algunos errores que no deben volver a repetirse. Por ello, pido disculpas a los ciudadanos, y me comprometo públicamente ante ellos a adoptar cuantas medidas sean necesarias para garantizar que esta Institución se adaptará en lo sucesivo a la difícil situación que atraviesa la sociedad española, que mi familia y yo compartimos plenamente. Muchas gracias”. Todo ello dicho con sencillez, humildad y firmeza del tono.

Puede decirse que el mensaje de fondo es el mismo que el que balbuceó el Rey a la salida del hospìtal, pero que se hubiera salvaguardado la dignidad de la Institución, se hubiera suavizado la humillación del monarca, y se hubiera conseguido el mismo efecto de simpatía de la opinión pública.

Ver al Rey en horas bajas, expuesto al escrutinio mundial, no es positivo para los españoles, ni para la imagen de España como nación. Así que, asesores de comunicación de la Casa Real, tomen nota para no volver a poner al Rey en un trance como el que vivió ayer.



Un comentario para este post
  • Rafael
    19 abril, 2012 en 13:23

    Desde mi punto de vista es posible que esa aparición demacrada y pusilánime esté más preparada de lo que parece, para dar una especie de “pena” y naturalidad que de más credibilidad al mensaje, que, como dices, es el mismo.

    A mi me suena a una decisión directa del rey.



Leave a Reply



Subscribe to newsletter

Completa correctamente el campo email Se ha enviado correctamente Enviando...
Contacto
Compañia: Kindelán Consultores
Teléfono:+34 918 521 156
Ubicación:Madrid
Email:info @ kindelan.es
© 2018 Kindelán consultores